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La lucha al grito de: ¡Piqueteros Carajo!

  • 9 nov 2017
  • 2 Min. de lectura

Llegada pacífica de los manifestantes al Puente Pueyrredón.

Los gorros, las bufandas, las camperas, los cuellos polares y los abrigos apaciguaban el frío de la mañana invernal del 26 de junio del 2002, donde cientos de manifestantes - entre ellos Maximiliano Kosteki y Darío Santillán - se concentraron en inmediaciones del Puente Pueyrredón para luego marchar hacia allí reclamándole al Gobierno Nacional más trabajo, salud, educación, planes sociales y bolsones de comida.

En la marcha para arribar al Puente Pueyrredón, al grito de "¡Piqueteros Carajo!" que resonaba una y otra vez con euforia sin desviar la atención legítima del porqué se encontraban todos unidos, y así fue como llegaron a las 11:50 hs. para estar cara a cara, ellos y los otros, los Piqueteros y los dos mil efectivos de la Policía Federal, Bonaerense, Infantería y Prefectura para cumplir con la orden de Eduardo Duhalde: Impedir los cortes de rutas y accesos para no dar lugar a la inestabilidad social e institucional.

Darío tirado en la calle con el comisario Fanchiotti.

En la mañana del 26 de junio se comienzan a escuchar los disparos, a oírse los gritos, las corridas y comenzaba la feroz represión - comandada por el Comisario Alfredo Fanchiotti – la cual se propagaría a 20 cuadras a la redonda y pocos minutos después terminaría con la vida de Maximiliano Kosteki y Dario Santillán.

La placa de Crónica a las 12:25 ya anuncia sus muertes, pero no se explicaba que había ocurrido. Aun no se sabía que Maximiliano había sido baleado con plomo en la vereda de la Estación de Avellaneda y que, por sus propios medios, juntando fuerzas desde donde no las tenía, logró arrastrarse hasta el hall central de la estación esperando su muerte que llegaría pocos minutos más tarde.

Mientras Maximiliano estaba inconsciente, Diario, de sólo 22 años, se acerca para ayudarlo y arrodillado frente a él, intenta levantarlo hasta que aparece el cabo Alejandro Acosta con una escopeta cargada con balas de plomo con el único propósito de asesinarlo. En ese momento, Darío levanta su mano derecha pidiéndole al cabo que no le dispare, y en el intento de huir es fusilado por la espalda.

Con Darío y Maximiliano ya sin vida y tirados en la estación Avellaneda, los efectivos de la policía caminaban a su alrededor y vigilaban sus cuerpos hasta que se los lleven de allí hacia la morgue del Hospital Fiorito.

Oficial Quevedo sonriendo con el cuerpo de Kosteki.

De igual manera que el operativo, los efectivos de la policía arrastraron brutalmente a Darío Santillán hasta el móvil policial número 28993, dejando rastros de sangre impregnada en el suelo y en la camioneta, posteriormente un efectivo arrastro sin escrúpulos de los pies el cuerpo de Maximiliano Kosteki para acomodarlo dentro del vehiculo como si hubiera sido crucificado para después sacarse la polémica foto, con una sonrisa en el rostro, junto al cuerpo de la víctima.


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